Padres perfectos
Juan Pareja.
El informe sobre familias de hecho realizado por la Comisión de Educación del Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid (COGAM),publicado íntegramente en el número 3 de la revista Reverso, acredita la existencia de docenas de estudios que prueban que no existe ningún efecto nocivo en la educación recibida por una pareja homosexual. Es decir, ni se da una particular influencia sobre la futura orientación sexual de los hijos ni se perciben trastornos o deficiencias en la educación o el desarrollo psicosocial del niño criado en el seno de una familia regida por dos personas del mismo sexo.
Del mismo modo la Asamblea del Consejo de Europa, en el informe que acaba de hacer público sobre la situación de los gays y lesbianas que residen en su ámbito de influencia, dice lo que sigue: "Han tenido lugar multitud de estudios en este sentido en los últimos veinticinco años. Ninguno ha podido determinar que el hecho de ser educados por padres homosexuales perjudique a esos niños ni que los padres homosexuales sean peores que los heterosexuales, ni que estos niños se vean expuestos a su vez a ser homosexuales".
El dosier alude a informes ciertamente llamativos, como los que realizó una institución del prestigio de la Asociación Americana de Psiquiatría cuando, en 1994, dos Tribunales Supremos estadounidenses les encargaron el peritaje profesional para dilucidar dos casos legales. Las conclusiones explicitaban que la efectividad de las madres lesbianas podía ser mayor que la de los padres heterosexuales, lo que no quería decir que las lesbianas tengan un instinto mayor para la educación, sino que llegan a la maternidad tras una profunda reflexión y con una gran conciencia de lo que sus hijos precisan para compensar la discriminación social.
El dossier puntualiza en este punto que "en la paternidad de las parejas homosexuales no existen los accidentes".
Abundando en esta idea, COGAM cita tres informes estadounidenses, todos de los años 90, que sugieren que los padres gays demuestran mayor preocupación y compromiso con su papel de progenitores, que lo asumen más positivamente que los heterosexuales. El dossier concluye que estos informes infieren que "son los procesos familiares (como un conflicto familiar), más que las estructuras familiares (orientación sexual de los padres o número de progenitores), los que ejercen gran influencia en el desarrollo psicológico del niño".
También se cita a la doctora de Antropología Olga Viñuales, que en un artículo titulado Falsas apariencias refiere los estudios acometidos en EEUU por Strong y Schinfeld en 1984 y por MacGuire y Alexandre en 1985 para concluir que "no existe correlación entre la ausencia de uno o ambos géneros y la aparición de conflictos en la adquisición de la identidad sexual". Además, tanto el informe de McGuire-Alexandre como otro realizado en 1978 por Hitchens y Price confirman que "la proporción de homosexualidad entre hijos de gays y lesbianas es la misma que entre hijos de heterosexuales".
Sobre este tema se resaltan por su claridad cuatro informes (todos son estadounidenses y que abarcan los años 70, 80 y 90). Además de apuntar que "el sentido común indica que la influencia no debe ser mucha puesto que la mayoría de las lesbianas y los gays proceden de hogares heterosexuales".
Especial atención se presta al catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla Jesús Palacios, quien destaca la idoneidad para la adopción de las parejas del mismo sexo en un artículo titulado El supremo derecho de los niños a una infancia feliz. "Son muchas las parejas y las personas que pueden responder a las exigencias de la adopción. Lo esencial no radica en sus creencias religiosas, en sus preferencias sexuales o en su forma de organización familiar, sino en sus actividades educativas y en su capacidad para hacer frente, adecuada y establemente, a las necesidades de quienes son adoptados. Nadie se escandalizaría, por ejemplo, si una niña es dada en adopción a una mujer soltera que convive con su hermana viuda. Pero los prejuicios existentes a propósito de la homosexualidad, habitualmente no confirmados por los datos de la investigación, convierten en un escándalo esta misma posibilidad", explica.
El dossier finaliza lamentando que "mientras en España se hacen esfuerzos serios por impedir que la ley cambie, no se hacen esfuerzos paralelos por investigar realmente si dicha normativa tiene razón de ser".