Transfobia y ultramarginación
Manuel Mancera.
Hace falta dedicar una mirada atenta a nuestras/os compañeras/os transexuales. La "actualidad mediática trans", cuando aparece viene siempre cargada de malas noticias, pero hoy conocíamos al fin algo positivo: el primer enlace matrimonial en España de una mujer transexual. Noticia que debe estar, sin duda, en la primera página de un medio glbt. Pero aún hay mucho que hacer por una parte de nuestro propio colectivo. Sus reivindicaciones deben ser también las nuestras, en igualdad de condiciones, porque ellas y ellos siempre han estado con nosotros y porque ellas y ellos son víctimas de la "ultramarginación".
Derecho al matrimonio.
La feliz boda, sin precedente en España, se celebrará el domingo en el salón de sesiones del ayuntamiento de Igualada y será oficiada por su alcalde, Jordi Aymamí (Partido Socialista de Cataluña). Los novios son una mujer transexual de 28 años, Angela Fernández, y Angel Romera, de 22. Esta boda civil ha sido posible gracias a que el Juzgado de esta localidad catalana autorizó hace seis meses el enlace, al entender que Angela es una mujer porque se sometió a un cambio de sexo. La ceremonia civil se celebrará a la una del mediodía y será un acto restringido a los medios de comunicación ya que sólo Televisió de Igualada grabará las imágenes. La novia, Ángela Fernández, comenzó con 15 años un largo y complicado camino que la llevaría a cambiar de sexo. A los 19 años consiguió someterse a la operación quirúrgica. Pero lo más difícil estaba por hacer: en 1993 empezó un largo proceso judicial para que el juez certificara su cambio de sexo y por lo tanto que se reconociese legalmente su verdedera identidad de género. La sentencia emitida entonces certificó que Ángela era una mujer pero, al mismo tiempo le prohibía contraer matrimonio. El recurso tampoco dio sus frutos porque la juez encargada dictaminó que el cambio de sexo es sólo "un remedio artificial". Fue en el mes de abril pasado, y tras una precedente sentencia favorable de Melilla (aunque ésta no llegó a cuajar su fruto porque el enlace no se llevó a cabo), cuando los novios por fin obtuvieron la autorización para casarse. El colectivo tranxesual no debería tener problemas para casarse (apuntar en la agenda de reivindicaciones urgentes).
Casi siempre en la página de sucesos.
A todos nos gustaría que noticias así se siguieran produciendo, pero desgraciadamente "la actualidad mediática trans" está plagada de noticias desagradables. La última, la de una transexual británica que tuvo que soportar que una impresentable compañía aérea (boicot a United Airlines) le humillara públicamente al hecerle cambiar su vestimenta por la de un género que ya no le correspondía. ¿Alguien se imagina que le pueda suceder tan injusto atropello?. Como ya informábamos, la impresentable tripulación del vuelo 314 de la United, que realizaba cruzero desde Omaha (Nebraska) hacia Chicago (Illinois), obligó a la ciudadana británica Sarah West, tras pedirle su identificación, a bajar del avión y a cambiar su vestimenta de mujer por ropa de hombre, con la absurda intención de que se pareciese más a la foto que figuraba en su pasaporte (en el que estaba identificada como hombre), a pesar de haber tomado varios vuelos de United en las semanas anteriores vistiendo con su ropa sin problemas. El personal de United se refirió a Sarah en todo momento como "señor y otros términos en frente de otros pasajeros intentando causar una gran humillación y vergüenza", según consta en la demanda presentada por Sarah. La evacuación de esta mujer del avión "fue hecha de una manera humillante", y provocó que sufriera "un profundo estrés emocional y depresión", como resultado del incidente. "Agresión" que el personal de United insistió que era necesaria para cumplir con la regulaciones de inmigración. La británica perdió su vuelo de conexión de regreso a Londres como resultado del incidente, y tuvo después la necesidad de buscar ayuda psicológica como resultado directo de la humillación y degradación que sufrió. Según consta en la demanda interpuesta contra la compañía aérea West exige 50.000 dólares (más de nueve millones de pesetas) en reparaciones en daños por violación de contrato, pero debería pedir más porque lo que fueron violados fueron sus derechos.
En España tampoco comenzábamos septiembre bien, conocíamos la absurda decisión de un Ministerio Fiscal que acusaba de un delito "contra el deber de prestación del servicio Militar" a una transexual de Valladolid, cuyo nombre es Susana. El próximo día 21 de septiembre el Juzgado de lo Penal número 2 de Valladolid celebrará su juicio oral y el innombrable fiscal le pide un total de 5 años de inhabilitación especial para el desempeño de empleo o cargo público. Natural de Valladolid y vecina de Bilbao, Susana S.M. fue llamada a filas en febrero de 1999 para que se incorporara al Acuartelamiento de La Rubia de Valladolid, llamamiento que, al igual del realizado en agosto del mismo año para que se presentara en A Coruña, no fue atendido por la acusada. La afectada expresó su profundo malestar por lo ocurrido y la incredulidad de que "una situación así pueda producirse en el siglo XXI", en alusión a la imposibilidad de que una persona que "piensa, actúa y vive como mujer" pueda ser condenada por no incorporarse al Servicio Militar (apuntar en agenda de reivindicaciones la equiparación jurídica de género).
Panorama preocupante.
Éstos sucesos tan sólo son los últimos de una larga lista de atrocidades cometidas hacia el colectivo transexual: grupos de descerebrados que practican "el deporte" de acosar y agredir a las transexuales que trabajan en la Castellana de Madrid, donde ejercen la prostitución mujeres a las que la sociedad no les da otra oportunidad para ganarse la vida (una de las primeras agresiones motivó que la víctima estuviera 16 horas en coma); funcionarios del gobierno que de alguna manera las justifican; locales de ambiente gay que prohíben la entrada a tarnsexuales (sí, han leído bien); mujeres que tienen que abandonar su país si quieren conservar su vida; torturas y asesinatos a lo largo del mundo ( como el de la transexual conocida como Dayana, que fue asesinada en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, en circunstancias que sugieren que fue víctima de una ejecución extrajudicial), etc, etc.
El colectivo olvidado.
Sucesos, uno tras otro, que revelan que la sociedad no sólo las margina de cualquier ámbito que no sea la prostitución o el "show bussines", sino que una parte de ella, individuos que danzan con todos su derechos intactos, las persigue para intentar acabar con la diferencia. Son los transfóbicos, que son sólo juzgados por delitos menores, contra quienes las fuerzas de seguridad y la justicia tienen que castigar ejemplarmente, con ese agravante que, si se aplicara, facilitaría en buena medida que cualquier agresión no dejase de ser denunciada. Es el olvido de todos también lo que se constituye en el caldo de cultivo para la injusticia. Pero ¿desde dónde se puede atacar para que el problema social de raíz genere respuestas para la protección del colectivo transexual? No hace falta mirar hacia otro lado: ahora que las reivindicaciones de nuestro colectivo global empiezan a ser tenidas en cuenta se echa de menos que se exiga con mayor fuerza algunas de ellas tan necesarias o más que las leyes de hecho o de matrimonio civil. Por ejemplo, más de 2500 personas quieren realizarse la operación quirúrgica de cambio de sexo en España, un grupo humano considerable que tiene que pasar por el camino del calvario para conseguir lo que es su verdadera identidad. ¿Por qué la Sanidad Pública no se ocupa de atenderles?¿Cuesta tanto que parte del dinero de los contribuyentes, despilfarrado por otra parte por los poderes públicos, pueda dedicarse a financiar la salud de un grupo considerable de ciudadanas/os?
Ahora en septiembre comienza de nuevo el curso político y el Parlamento tendrá que debatir la propuesta de ley sobre identidad sexual aprobada por todos los grupos políticos en el Senado el pasado mes de marzo, en la que se aboga por dar cobertura y seguridad jurídica a los transexuales tanto desde el punto de vista anatómico como registral. Por eso, sus reivindicaciones, ahora que aglutinamos todos una mayor concentración de apoyos, deben estar en igualdad de condiciones, al mismo nivel (nada más y nada menos) y puede ser el momento de presionar todos. ¿Qué puede ocurrir si nos otorgan unos derechos que la sociedad ya contempla con seriedad (matrimonio, iguales beneficios que las parejas heterosexuales y adopción) y no ponemos al mismo nivel las revindicaciones de una compañeras/os que siempre han estado con nosotros? Incurriríamos en la marginación por el olvido, en aquello contra lo que desde hace tantos años hemos hestado luchando. Y hay peligro de ello, porque da grima ver que a cualquier transexual le impidan la entrada en los lugares de ocio con los que nos hemos dotado (boicot a eso lugares de ocio), en teoría lugares libres de prejuicios y en los que se debería disfrutar con total libertad. El próximo Orgullo habrá que agrandar la pancarta (lo de matrimonio ya) con sus reivindicaciones, porque éstas tampoco pueden esperar.