La homosexualidad en los medios de comunicación
Teniendo en cuenta el papel importantísimo que los medios de comunicación desempeñan en nuestra sociedad actualmente y el modo del que pueden determinar la imagen que del colectivo tenga la opinión pública, consideramos necesario realizar desde estas páginas una reflexión sobre el tratamiento que recibimos en los medios, las consecuencias que éste acarrea y las acciones que deberíamos emprender para impulsar cambios en la situación.
Más allá de toda consideración valorativa es indiscutible que la homosexualidad ha aumentado su grado de presencia en los medios de comunicación españoles de una forma estimable durante los últimos años. En tertulias televisivas se tratan temas como "Pluma ¿sí o no?", los programas del corazón parecen considerar hoy imprescindible la presencia de un tertuliano gay, y casos como el del político José María Mendiluce o un guardia civil que hacen pública su homosexualidad pululan durante días en los titulares de todos los medios.
Algunos de los ejemplos dados anteriormente, a los que se podrían sumar muchos más (los reportajes en los telediarios sobre la manifestación del Orgullo Gay en Madrid o el caso de Boris Izaguirre, entre otros), nos llevan inevitablemente a la conclusión de que la imagen que se está ofreciendo del colectivo puede considerarse, cuando menos, parcial; las características que más patentes quedan son aquéllas que coinciden con las del gay de "pluma", las del bufo, el estereotipo de siempre, en definitiva, que ahora como antes se presta a la carcajada y, lo que es más significativo, a la elusión de un problema que no resulta precisamente nuevo: la normalización social de la homosexualidad.
Esto resulta especialmente grave, si se tiene en cuenta las consecuencias que acarrea para las vidas de miles de homosexuales, sobre todo jóvenes, en los que la imagen insistentemente presentada, unida a la ausencia de referentes, crea un doble rechazo: por un lado hacia los homosexuales en general y por otro hacia sí mismos, en tanto que homosexuales. Se hace, pues, necesario pedir responsabilidades. La pregunta es a quién.
Conscientes de lo controvertido de la cuestión incluso en el seno del propio colectivo, nosotros consideramos que no se puede pedir responsabilidades a aquellos homosexuales que intervienen en los medios de comunicación: Precisamente por ser una minoría marginada deberíamos ser tolerantes ante formas diferentes de vivir y exteriorizar la homosexualidad, que, quizá precisamente por su carácter provocativo, tuvieron y tengan su razón de ser en una sociedad opresiva como la nuestra y contribuyeran, en su momento, a la visibilidad del problema.
Sin embargo, no deja de ser tampoco cierto que la mayoría de los homosexuales no nos sentimos identificados con el estereotipo y que deseamos proyectar una imagen de normalidad, es decir, una imagen que muestre la variedad existente también entre nosotros: Una imagen representativa, en fin. Resulta evidente que quienes pueden tener una influencia sobre esto son los propios medios: Como tales tienen el cometido de proporcionar a la sociedad no sólo entretenimiento, sino también una imagen de la realidad lo más verídica e imparcial posible. En este caso tal responsabilidad cobra, más que en otros, un alcance ético considerable: Explotar los prejuicios acerca de los homosexuales de una forma tan trivial es algo que afecta de forma directa y a veces traumática e incluso irreversible a la existencia de miles de personas, dado que para muchos (tanto homosexuales como nohomosexuales) lo dicho en la radio, la prensa o la televisión se antoja como un sentencia moral inapelable.
Se hace, por lo tanto, necesario tomar medidas. En primer lugar hemos de ser conscientes de que la difusión de opiniones o contenidos abiertamente homófobos es hoy inaceptable y está tipificada en el código penal. Sin embargo el problema al que nos vemos enfrentados en la mayoría de las ocasiones es que los medios mantienen un tratamiento políticamente correcto con el colectivo, que no se traduce, desgraciadamente, en una actitud abierta de compromiso, es decir, en un intento de contribuir de una forma real y efectiva al cambio de imagen; y, nos guste o no, para realizar esta labor los medios son, si no imprescindibles, sí muy necesarios, por lo que una estrategia de cooperación resultaría siempre más deseable que el enfrentamiento.
Hemos de intentar que los periodistas sean conscientes de la importancia de su papel, y contribuir a subsanar las lagunas de conocimiento que muchos de ellos tienen, lagunas que han llevado ya a la transmisión de una serie de malentendidos, en ocasiones fatales, a la opinión pública. El esfuerzo se hará especialmente rentable si existe voluntad de contribuir a un discurso positivo, actitud hoy por desgracia demasiado rara en unos medios sometidos siempre a los intereses de determinados sectores de poder y a las apetencias de un público que sólo acepta la homosexualidad en dosis reducidas, fijando una cuota de entrada para gays y lesbianas siempre demasiado limitada.
Sin embargo, a pesar de todo aún hay lugar para la esperanza: ya antes se ha conseguido que la visión de la opinión pública cambiara en lo que respecta a ciertos colectivos marginados como los drogadictos o a la labor de las ONG's en el tercer mundo, y ello gracias, no en última instancia, a los medios de comunicación. Por lo tanto el cambio es posible: depende sobre todo de nosotros que a medio plazo en la prensa, la radio y la televisión se dé una imagen más real y representativa del colectivo. En ello, esto es seguro, reside una de las principales claves para lograr nuestra normalización en la sociedad.
IGUALES - ESPAÑA
Tomado de:
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