http://www.naciongay.com/editorial/reportajes/0304200219640.asp

Un mal silencioso

Nacho Glez. Maura.

Es la enfermedad de la nueva era, aunque es probable que sea en nuestros días cuando más se está descubriendo y estudiando. La depresión se instala con mucha frecuencia en gays, lesbianas, bisexuales y, sobre todo, transexuales a consecuencia de la homofobia que sufre el colectivo. La incidencia de este mal se acrecienta en la población adolescente glbt y, como hemos resaltado en muchas ocasiones, lleva al suicidio en unos porcentajes elevados y preocupantes. Aparte de esto, afecta a cerca de seis millones de españoles y está sujeta a una enorme discriminación laboral, responsable en gran parte de que el 18% de los afectados oculte la dolencia en su entorno, a pesar de ser considerada como la tercera enfermedad en importancia por el conjunto de la sociedad, por detrás del cáncer y el SIDA. Según un estudio realizado por Solvay Pharma en España, la prevalencia de la depresión se sitúa en torno al 18% de la población adulta, que cada vez está más concienciada de su carácter de enfermedad (lo percibe así un 63% de los encuestados) frente a consideraciones de tipo circunstancial o anímica, y de la necesidad de ser tratada como tal.

Incidencia en aumento.

De los mil encuestados en el informe, el 42% ha considerado que la depresión afecta a más de una cuarta parte de la población (porcentaje que aumenta entre los tratados por esta dolencia) y casi la totalidad de los mismos piensa que puede alcanzar a cualquier persona. En cuanto a la incidencia futura, tanto ciudadanos como profesionales coinciden en prever que aumentará. Los resultados del estudio destacan el porcentaje minoritario, un 22%, de españoles que consideran esta dolencia susceptible de ser confundida con otras, como enfermedades nerviosas, esquizofrenia, ansiedad o estrés, pero son muchos los que señalan estas dos últimas como causantes de la depresión, junto al ritmo de vida actual, el trabajo, la falta de comunicación o las preocupaciones. En el caso de la Comunidad glbt, la homofobia hacia el colectivo se convierte en un agravante más que puede llevar con facilidad a padecer esta enfermedad. Las personas transgénero ven como el mal se multiplica para ellas no solo por la intolerancia cotidiana hacia este sector, sino porque esa injusta discriminación va de la mano con su particular cruzada en busca de una identidad; un camino plagado de impedimentos y cortapisas a la hora de obtener el derecho de ser quienes son realmente.

Para el doctor Enrique Álvarez, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital de San Pablo de Barcelona, todos estos datos anteriormente mencionados representan un "agravio comparativo", ya que "nunca se ha vivido mejor" que con las condiciones que ofrece la sociedad desarrollada. En su opinión, los casos de depresión "se diagnosticarán más y mejor" y tienen mayores probabilidades de aparecer en "personas con carácter marcadamente afectivo". La menor estigmatización de esta dolencia por parte de la sociedad no evita sin embargo que en casi uno de cada cinco casos el paciente decida ocultar su trastorno por vergüenza, timidez, incapacidad de aceptación o, en la mayoría de los casos, por motivos laborales. Los adolescentes glbt suelen caer en esta enfermedad por miedo al desprecio de sus seres queridos por motivo de su orientación sexual o identidad de género, así como por agresiones físicas y verbales hacia ellos y autorechazo.

Elevada discriminación laboral.

Álvarez lamenta la "elevada discriminación laboral" a la que se ven sometidos los afectados por la depresión, ya que "no causa más bajas que las demás enfermedades" y, además, niega el apoyo social al paciente, un elemento clave para superar los trastornos depresivos, junto al respaldo familiar. Este último solo fue suficiente para la mitad de los tratados, según Álvarez, quien ha insistido en que "es fundamental el papel del entorno y de la familia", así como la aceptación por parte de estos y, en primer lugar del propio paciente, de que se trata de "una enfermedad y que tiene que ser tratada". El estudio arroja datos positivos en esta dirección ya que un 85% de los encuestados considera necesario utilizar algún tipo de tratamiento para combatir la depresión, siendo los psicólogos y psiquiatras los profesionales mayoritariamente reconocidos para dirigirlos, frente al médico de cabecera, citado como primera persona para diagnosticar la dolencia. Sin embargo, pocos pacientes están dispuestos a aceptar un tratamiento de al menos un año, duración considerada mínima por los expertos.

En cuanto a los síntomas delatores de la depresión, el estudio revela una gran diferencia entre la percepción social y la opinión de los profesionales. Así, en el primer caso se consideran síntomas la apatía, falta de interés y motivación, tristeza, irritabilidad, ansiedad o estrés. Es frecuente confundir las situaciones desencadenantes con las causas reales de la depresión. Para los expertos, en cambio, el sentimiento de culpabilidad, las ideas de ruina y suicidio y la disfunción cognitiva, escasamente percibidas por la sociedad, se revelan como elementos claramente delatores de la dolencia. La imposibilidad de sentir placer ante actividad alguna, la baja resistencia al dolor y al estrés y la escasa rentabilidad del descanso, completan el cuadro sintomático del enfermo de depresión.