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Trabajar a oscuras

Arturo Morales.

El primero de mayo de cada año se celebra el día internacional del trabajo. Conmemora unos tristes acontecimientos, que nos hablan de temas con los que gays y lesbianas estamos desgraciadamente muy familiarizados: la reclamación de derechos fundamentales en unas circunstancias de opresión y desprecio. Un siglo después de los acontecimientos de Chicago, el colectivo glbt tiene sobrados motivos para conmemorar, de una forma muy personal y especial, el día del trabajo. La discriminación laboral por razones de orientación sexual es una realidad presente todavía en nuestro país, que puede no percibirse por la silenciosa forma en que se produce, pero que debe ser denunciada como otro de los problemas a los que nos enfrentamos diariamente. La discriminación laboral toma muchas formas, y es difícil enfrentarse a ella, pero hay otra forma de enfocarla: si conocemos el problema, quizá tengamos la solución al mismo.

Nuestra orientación sexual es una cuestión muy personal, que no tendría por qué salir a relucir más que en aquellas circunstancias en que lo considerásemos apropiado. Muchas personas consideran que revelar nuestra orientación sexual en el trabajo no es una de esas circunstancias. Compartir un tema tan personal con otros cargos o compañeros es lo ultimo que se les podría ocurrir. Otros creen que es una parte muy importante de quien ellos son y no están dispuestos a esconderlo. La decisión de compartir nuestra orientación sexual en nuestro trabajo depende de varios factores, pero algunos, como el doctor Damian Goldvarg, tienen algunas ideas al respecto.

El Doctor Damian Goldvarg es consejero de familias y parejas, y ha trabajado con la comunidad gay latina de Los Angeles durante casi diez años. Ha estudiado cuidadosamente los casos de discriminación laboral por razones de orientación sexual, e incluso ha vivido la experiencia en su propia piel. Goldvarg tiene una teoría que no deja de resultar razonable pese a sus sencillez: “Cuando salí del armario y acepté el hecho de que me atraían las personas de mi mismo sexo, decidí buscar lugares de trabajo donde pudiese trabajar con otros gays y aprender de ellos. Al mismo tiempo, esto me permitiría poder ser yo mismo sin necesidad de esconder nada”.

El camino recorrido por Goldvarg no siempre es posible. Buscar un puesto de trabajo depende de muchos otros factores: el lugar de residencia y su entorno socio-cultural, las posibilidades de contactar con otros gays y lesbianas, la disponibilidad de puestos de trabajo. Aun así, cualquier actividad relacionada con el asociacionismo parece ayudar. Como Goldvarg relata: “Empecé primero como voluntario y después como empleado a trabajar para APLA (AIDS Project Los Angeles). El trabajar en organizaciones gays o que ofrecen servicios de VIH/SIDA me permitió una comodidad en mi trabajo muy especial. Después de dos años como coordinador de los grupos de apoyo de APLA tuve la oportunidad de trabajar como director de un programa para familias y niños viviendo con el VIH. Me acuerdo que cuando me entrevisté para el trabajo, le pregunté a la que sería mi supervisora si era un problema el hecho de que yo era gay para trabajar como director de un programa para familias y niños. Mi jefa me contestó que no era un problema en absoluto, y a la semana me ofrecieron el trabajo. Es decir, salí del armario en mi entrevista de trabajo. Cuando le conté a mis padres lo de la entrevista, y lo contento que estaba por cómo me había ido, me preguntaron si estaba loco. ¿Cómo se te ocurre hablar de tu orientación sexual en la entrevista? Mi respuesta fue: si no me quieren por ser gay entonces prefiero no trabajar para ellos”

El caso de Goldvarg puede considerarse afortunado. Mucha gente en nuestro país no tiene la fortuna de poder trabajar con personas comprensivas hacia la condición gay. Los despidos por causa de la orientación sexual, independientemente de que se disfracen de otras causas que no sean motivo de demanda, están a la orden del día, así como los comentarios homófobos y despectivos, e incluso la agresión física. En algunos puestos de trabajo, el ambiente es tan decididamente anti-gay que parece consecuente buscar un nuevo empleo antes que revelar la orientación sexual.

Salir del armario en el trabajo puede ser, también, muy positivo si las condiciones son las adecuadas, al recibir el apoyo de nuestros compañeros y especialmente poder ser sinceros cuando hablamos sobre nuestras relaciones, nuestro fin de semana, o nuestros amigos. La realidad es que muchas veces también nos toca trabajar con gente ignorante, discriminatoria, que hace comentarios burlones sobre los gays, o que tiene actitudes homófobas. Hay muchos casos en los que callarse es la mejor estrategia si se quiere conservar el trabajo. Cuando no se puede elegir entre varias opciones el panorama es más difícil.

La pregunta que Goldvarg nos hace a la hora de considerar nuestro caso particular es especialmente significativa: “Me gustaría invitarte a que reflexiones sobre tu lugar de trabajo, y te preguntes si realmente tus compañeros de trabajo te aceptan incondicionalmente o no. Si crees que el ser gay es un problema, puedes pensar si realmente no tienes otras opciones: quizás puedas cambiar de trabajo. Hay empresas que son más amigables con los gays. La clave es saber que siempre tenemos opciones, y no tenemos por qué sentirnos víctimas de la gente con la que trabajamos”.