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¿CAMBIO DE SEXO?
Sergi. Infogai sept-oct 2001. Revista del Col.lectiu Gai de Barcelona (CGB).

Soy una persona de cuyo sexo no quiero acordarme. Y es que la sociedad no nos lo pone fácil. Se me ha antojado empezar así este artículo, pues no deberíamos olvidar nunca que, ante todo, estamos hablando de unos sentimientos muy íntimos de unos ciudadanos, que según la vigente Constitución Española, también tenemos unos derechos y unos deberes, aunque, a veces, no nos lo parezca, con respecto la sociedad española. Quiero remarcar que he usado la palabra sexo en mi primer enunciado de este artículo, refiriéndome únicamente a la genitalidad y a los caracteres sexuales secundarios que, como todas las personas, también tenemos, y lo he usado a modo de anécdota, protestando por ser ésta la acepción que la mayoría de la gente se entesta en dar a dicho concepto. Para mí este concepto es mucho más amplio.
Los medios de comunicación, así como muchos profesionales, desconocen de forma casi alarmante lo que es la transexualidad y todo lo que ello conlleva, y a menudo la confunden con la intersexualidad o con conductas sexuales distintas, tales como el travestismo o la homosexualidad. De hecho, no son pocos los que nos injurian con el apelativo de pervertidos. La gente cree que los transexuales somos individuos aberrantes y aberrables fruto de una sociedad decadente y pecaminosa, o bien, seres que estamos enfermos y que por capricho decidimos cambiarnos de sexo (o mejor dicho, cambiarnos el sexo). Y, francamente, nunca he entendido este juicio de valor tan peyorativo. La sociedad es diversa. Hay personas altas, bajas, rubias, morenas, etc. Y, también, transexuales. La transexualidad es una cualidad de una persona, que no implica nada más que un malestar entre tu cuerpo y tu psique. Por tanto, los transexuales somos igual que el resto de la gente, es decir, los hay más o menos trabajadores; más o menos inteligentes; más o menos educados, igual que el resto de los ciudadanos. Ir más allá es, en el mejor de los casos, especular, cuando no injuriar.
No somos los únicos chivos expiatorios de esta sociedad, la verdad es que la gente, también margina a los intersexuales, sobretodo a aquellos que tienen malformaciones genitales importantes, o con amplias características de ambos sexos, lo que implica una cierta ambigüedad. Y, en definitiva a cualquier persona que rompe los esquemas imperantes en esta sociedad.
Hay intersexuales que con el tiempo deciden recurrir a lo que se ha incurrido en denominar un cambio de sexo. Esto es imposible, pues ante todo un intersexual es alguien que nace con unos caracteres sexuales parcialmente ambiguos (es decir, de los dos sexos, hombre y mujer), solo que en distinta proporción a lo que se supone normal, por tanto, a mi entender no se produce ningún cambio de sexo pues este tiene ya un determinado porcentaje de hombre y un determinado porcentaje de mujer, a priori invariable. Pero no olvidemos que todos tenemos características de ambos sexos, solo que hay uno que de forma muy clara prima sobre nosotros y hace que no haya duda sobre nuestro verdadero sexo, al menos morfológicamente hablando.

En general, el porcentaje mayor, morfológicamente, es el que prima, y así al recién nacido intersexual se le registra sexualmente de acuerdo con el porcentaje primado, o sea, el mayor. Con el paso del tiempo, el intersexual puede sentirse a gusto con el rol asignado inicialmente, o bien puede sentirse a disgusto con él (al igual que nos sucede a los transexuales), y puede decidir que prefiere que se prime el porcentaje menor, morfológicamente, pero también existente. De hecho, en términos psicológicos sería el mayor. Por ello no puede cambiar de sexo, pues aunque sea menor, morfológicamente, lo posee igualmente (en términos biológicos, y claro está, en términos psicológicos).
Quiero recordar que el concepto de sexo actual es muy distinto al de épocas anteriores, en las que se consideraba que solo había un sexo: el hombre. Y la mujer era así un hombre imperfecto, eso permitía toda una gama de posibilidades intermedias, es decir, los intersexuales, pero solo en teoría pues el que no era hombre estaba discriminado a todos los niveles. Actualmente se está hablando de la posibilidad de considerar la existencia de 5 sexos (véase los estudios de A. Fausto-Sterling, al respecto).
Actualmente la definición de sexo se hace muy difícil por abarcar múltiples elementos, tales como los cromosomas (habitualmente, XX o XY; aunque también, ambos (XX/XY) en caso de hermafroditismo verdadero; XXY, ante un síndrome de Klinefelter; X0, ante un síndrome de Turner), los genitales externos (habitualmente, vagina o pene, pero también anatomías ambiguas resultado de fusiones parciales), las gónadas (ovarios o testículos, pero también ovotestis, en el hermafrodita verdadero), las hormonas (estrógenos y andrógenos en diferentes proporciones, dando lugar, a veces, a diversos cuadros anómalos), y por supuesto, la psique (la asunción de un rol femenino o de un rol masculino, independientemente de su fenotipo).
De hecho, el sexo es el resultado de todos estos factores en equilibrio. Si se rompe, por aspectos biológicos, hablamos de intersexualidad, y si se rompe por aspectos psicológicos, hablamos de transexualidad, pero de hecho la transexualidad es un tipo de intersexualidad. Ante un desequilibrio, es importante distinguir entre todos estos elementos, para decidir cuál es el sexo legal resultante, por ello, cabe analizar el sexo cromosómico, el sexo gonadal, el sexo genital, el sexo hormonal, el sexo psicológico, etc. y llegar a una conclusión favorable al individuo afectado.

El transexual en el momento del nacimiento no presenta externamente ésta dualidad hombre/mujer (al menos no más que cualquier otra persona nacida no intersexual) en su morfología (genitales, básicamente). Pero el hecho de que durante su desarrollo, y a muy temprana edad, éste se sienta muy pronto llamado a actuar de una forma contraria al rol al cuál ha sido destinado, según únicamente su morfología externa, es una evidencia clarísima de que interiormente tiene ya el sentimiento de ser un miembro perteneciente a un sexo discordante del que se espera de él o ella, y por tanto, actúa según el rol que siente.
Es, pues, por ello que pienso que tampoco se puede hablar de un cambio de sexo, pues este sentimiento es innato e inmanente en él o ella desde su más tierna infancia (3, 4 ó 5 años), y el error consiste en primar la morfología por encima de los demás componentes que conjuntamente definen el sexo de un individuo (que no hay que confundir con su sexualidad). Para mí, esto prueba que si una persona nace con atributos sexuales de mujer, y adopta de muy "niño" (y digo niño y no niña expresamente, porque para mí lo es) un rol de varón es porque se siente realmente un chico. ¿Acaso se contradice él? Rotundamente no. ¿No será más bien la sociedad la que pretende que se contradiga él intentándole cambiar, sólo porqué se obstina en mantener un sistema dicotómico cada vez más insostenible, a la luz de los nuevos descubrimientos científicos, por miedo al fantasma de lo desconocido? ¿Porque la sociedad no quiere madurar y vencer estos viejos prejuicios, y enfrentarse a todo lo que le es desconocido con la comprensión y, si cabe, con el estudio científico?

Si más tarde, este chico quiere adecuar su anatomía externa a los habituales caracteres de un hombre (que no todos poseen de una forma clara y bien definida, pues no debiéramos olvidar la cantidad de malformaciones que existen en la naturaleza humana), es porque se siente de alguna forma traumatizado por no ser físicamente un hombre, pero no olvidemos que este proceso traumático puede ser inducido por una sociedad, que es incapaz de aceptar a un hombre sin un cuerpo totalmente de hombre. ¿Y quién dice que no se puede ser hombre y tener una vagina, sintiéndose tan hombre como el que más y estando orgulloso como el que más de tenerla? Hay hombres XX, y hay hombres sin testículos y hay hombres con micropenes, e incluso hay hombres sin pene (pensemos en alguien que lo haya perdido por un accidente). No hay nada de anormal en ello, pues forma parte de la naturaleza. La naturaleza está llena de alteraciones, cambios e imperfecciones (en definitiva, mutaciones genéticas), las cuáles son necesarias para avanzar evolutivamente. ¿Por qué unas nos molestan tanto y otras tan poco?
Esto afortunadamente no siempre ha sido así o es así. Podemos ver ejemplos de transexuales o de intersexuales en otras culturas, las cuáles no obligan al individuo a cambiar su anatomía para aceptarle como miembro de su sociedad dentro del rol que siente, y dónde vemos al transexual no traumatizado por su físico, pues en su mente y en su sociedad se le acepta tal cuál, sin más problemas. Por ejemplo, en la República Dominicana, se produce muy frecuentemente un tipo de intersexualidad que ellos han llamado "Huevos 12". A consecuencia de ello los chicos nacen con un cuerpo de chica, y no es hasta la pubertad cuando les descienden los testículos y el cuerpo empieza a masculinizarse en su totalidad (alrededor de los 12 años, de ahí el nombre de "Huevos 12", que significa huevos a los 12 años). Son chicos con un déficit de 5-alfa- reductasa, inicialmente educados como niñas, pero a los que tras descubrirse el error se les cambia de rol, sin que exista trauma ni para ellos ni para sus padres. Evidentemente, ellos siempre han sabido que eran niños. De hecho, nadie se empeña en juzgarles por este hecho, simplemente lo aceptan como algo propio de la naturaleza. Y no hay ningún problema, saben que eso ocurre y no le dan mayor importancia.

Se estima que 1: 2000 recién nacidos son intersexuales. Que crueldad marginar a tanta gente solo por el hecho de nacer. Son seres normales, naturales, han nacido así por obra y gracia de la naturaleza. Son como son, o sea, solo van de lo que se sienten, y no como la sociedad desea que se sientan. Son coherentes consigo mismo. ¿Qué más se les puede pedir? La sociedad pretende que haya una concordancia entre todo lo que conforma nuestro físico (pecho, genitales, caracteres secundarios,...) y lo psíquico, ¿sino qué clase de hombre o mujer eres? Y la verdad, yo no veo ninguna discordancia, aunque ellos, al parecer, si la ven, por ello somos discriminados sistemáticamente y traumatizados hasta el suicidio si cabe, olvidando que somos personas y tenemos unos sentimientos también, y merecemos de un respeto.
Por ello no se da en mi opinión un cambio de sexo (pues ya es miembro de él, desde siempre, desde el nacimiento), y para los que se atiendan a los cromosomas (éstos tampoco variarían con la cirugía de reasignación sexual y terapia hormonal). Y estaría bien que se informaran acerca de fenómenos tales como el hecho de que puedan existir hombres XX (y no sólo XY que es lo que siempre se enseña en las escuelas) aunque no sea lo habitual. Lo más que hay es una adaptación anatómica, que en muchos casos es más bien un requisito que la sociedad nos exige de forma sibilina para aceptarnos mejor (pues su hipocresía no le permitiría reconocerlo de forma pública y expresa), o mejor dicho para que simplemente no se den por enterados (ya se sabe ojos que no ven, corazón que no siente).

No me opongo a la cirugía ni a las hormonas pues es un avance, pero no consiento que se nos obligue inexorablemente a seguir un camino marcado por una sociedad que como último recurso prefiere no cuestionarse la dicotomía hombre/mujer. No se es más transexual o menos por el hecho de estar hormonado u operado. No hay que olvidarlo ni confundirse. Cada cual es lo que quiere ser y si la sociedad cree que cerrar los ojos le evitará enfrentarse con nosotros, se equivoca. Estamos ahí, y lucharemos por nuestros derechos, como cualquier otro ciudadano más.

Y por favor, no hablen de cambio de sexo, mejor hablar de cirugía de reasignación sexual. Empecemos por llamar a las cosas por su nombre, y a lo mejor conseguimos entender de que va la historia.