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UNA APROXIMACION HISTORICA A LA TRANSEXUALIDAD MASCULINA. MITOS Y LEYENDAS
Sergi. BSTc marzo 2000.

La transexualidad masculina (MaH) es la gran desconocida, en todos los ámbitos sociales, y también entre los medios de comunicación. Dado que en la actualidad la prevalencia de ambas transexualidades es de 1:1 (aunque todavía es motivo de discusión, y hay profesionales que usan otros datos que favorecen la transexualidad femenina (HaM)), no se entiende como se nos puede ignorar, a no ser a que se deba a que socialmente pasemos más inadvertidos y, por tanto, sea más difícil localizarnos y por ende discriminarnos, lo cual en general es positivo para nosotros, pero da una imagen desigual de la realidad, en lo que a transexualidad se refiere. El motivo principal que me impulsa a escribir este articulo es dar a conocer que su existencia no se limita a mínimos casos, y mucho menos, a una degradación de la sociedad actual.

En este artículo voy a ocuparme básicamente de los trans masculinos, aunque ello no significa que no existieran trans femeninas en estas culturas. El motivo es tanto por simplificar una realidad muy compleja como por el hecho de reivindicar la transexualidad masculina, ya que siempre ha sido y continua siendo la menos divulgada en los estudios y artículos que se publican. Aunque no he desechado los ejemplos que hacían referencia a transexualidad femenina (que para mí es quién siendo niño fisiológicamente y morfológicamente se siente niña psicológicamente) si estos eran interesantes.
Pero quiero dejar muy claro que tanto la transexualidad masculina como la femenina han coexistido por igual, a lo largo de toda la historia y en todas las culturas, tanto en las más evolucionadas como en las menos desarrolladas, si nos guiamos por el uso de los parámetros occidentales. Y en general, cuando una se ha podido expresar libremente, la otra también. Es muy raro que una sociedad permitiera un tipo de transexualidad, mientras que condenara la otra, aunque no descarto que se hubieran podido dar casos puntuales. Sencillamente lo desconozco.
La transexualidad siempre ha existido y los transexuales (tanto masculinos como femeninas) también, tanto en el tiempo como en el espacio. En cambio, lo que ha variado entre las diferentes culturas y diferentes épocas históricas es el trato que esta recibía por parte de la sociedad en la que se encontraba ubicada, así podemos observar sociedades que la toleraban e incluso la idolatraban y adoraban, o bien sociedades que la marginaban e incluso la perseguían.
Lejos de negarla y reprimirla como hace nuestra sociedad actual basada en la moral cristiana (occidental y capitalista), muchas culturas han respetado el hecho transexual como un fenómeno distinto de los demás, e incluso lo han llegado a atribuir a la inspiración divina predestinando a los personajes transexuales a ejercer de lideres políticos y jefes espirituales de sus respectivas sociedades tribales. Estos fenómenos se han podido observar en muchas tribus americanas, asiáticas y africanas, e incluso, en nuestra tan civilizada Europa, ésta también fue vista como algo natural, aunque sólo fuese en sus inicios históricos.
Tan solo la llegada del cristianismo y el poder que este ha llegado a alcanzar en la sociedad europea, y occidental por extensión, han cambiado nuestra visión acerca de este concepto, tan antiguo y a la vez, tan desconocido para el hombre actual que se jacta de vivir en una sociedad hiperinformada, lo cuál no deja de ser paradójico, en mi opinión. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX, diversos antropólogos habían podido observar la persistencia de este fenómeno, especialmente en zonas aisladas, y que se habían podido mantener alejadas de la influencia cristiana. Estas tribus todavía trataban (y tratan) a los berdaches (nombre que recibió el chaman transexual por parte de los primeros europeos, en el Nuevo Mundo) cómo seres respetados.
Existen numerosos y extensos mitos que participan del fenómeno transexual, por tanto lo más lógico y probable es que este fenómeno, ya conocido desde tiempos inmemoriales, haya sido objeto de culto y reverencia, o cuánto menos de fascinación y tolerancia, en tanto que implica una forma distinta de interpretar la dicotomía hombre/mujer bajo la cuál hemos indefectiblemente de acomodarnos. En otras palabras, esta manifestación cuestiona al genero, como derivado, exclusivamente e indisolublemente, del sexo genético y, por tanto, sus estereotipos culturales y sus roles sociales. En definitiva, cuestiona el rol que se le da de antemano a un ser humano ya desde su nacimiento por razón de su género (que para la mayoría de la gente es el sexo del recién nacido, vagina o pene), sin que éste pueda elegir (con el tiempo y a medida que su personalidad va desarrollándose) el rol que prefiere y al que se siente más unido, a pesar de no ser necesariamente el establecido en el período de su nacimiento por razón de la observancia de sus genitales.

En lo que se refiere a Europa, existen muchos mitos y leyendas que hablan de la transgeneridad, ya desde los griegos y romanos, e incluso antes, en las culturas escandinavas y germanas.
Por ejemplo, existe el mito escandinavo de las Walkirias, que eran famosas vírgenes guerreras que combatían en las batallas, muy adoradas por los artistas, como se observa por las numerosas pinturas en las que aparecen alegóricamente, e incluso, hasta tienen más de una opera dedicada por el mismísimo Wagner. Mujeres guerreando encima de sus caballos, con sus armaduras puestas, y blandiendo sus espadas al enemigo, reflejan claramente el hecho de que ocupan un rol básicamente masculino. Por tanto, están transgrediendo las normas básicas sociales. En la cultura griega, nos encontramos con la fábula, narrada por Ovidio, sobre el surgimiento de un nuevo ser dotado de ambos sexos, Hermafrodita. Este era hijo de Hermes y de Afrodita, y era especialmente bello, pero rehusó a Salmacis, ninfa de un lago de la Caria, que se habia enamorado de él. La chica obtuvo de los dioses, que su cuerpo se fusionara con el del chico, y así surge un ser de doble naturaleza.
Muchos mitos grecorromanos hablan no solo del travestismo sino de seres que cambian o mutan de sexo. Uno de ellos es el mito de Kainis/Kaineus. Esta era una chica, la cual es violada por Poseidón. Tras esta violación Poseidón decide compensar a la muchacha otorgándole un pene. Pero no se produce un cambio físico solo, pues la muchacha se transforma en un hombre, tanto en su físico como en su psique. Con el tiempo Poseidón le devuelve a su primigenia naturaleza, pero este (llamado ahora Kaineus) se vuelve desgraciado y se siente cruelmente castigado. Similar es la transformación de Herais de Abae a Diofante hombre. O la de Tiresias a mujer. Otros mitos consideran que un cuerpo al morir puede pasar al sexo contrario. Así, Atalanta es una argonauta que a su muerte cambia a hombre. Y Epeo al morir se transforma en mujer. Y no olvidemos tampoco al mito griego de las Amazonas, que sirvió para inspirar a Francisco de Orellana al bautizar a las nuevas tierras que exploraba allá en América. Estas eran mujeres que cabalgaban con enorme habilidad. No admitían hombres entre ellas, más que un día al año para asegurar la perpetuidad de la raza. Se quemaban el pecho derecho para tensar mejor el arco. Habitaban en Asia Menor bajo el comandamiento de la reina Hipólita. Según el mito, lucharon con diversos héroes como Heracles, Aquiles, y Teseo. Han estado objeto de representaciones artísticas, no solo durante la Grecia Helénica, sino también durante el Renacimiento. Se cree que este mito puede tener origen en algún pueblo asiánico en régimen de matriarcado guerrero, o bien, constituir una reminiscencia de sociedades matriarcales egeas pre-helénicas. Otros mitos parecidos son el de las Trácias, y las Menádes, que no voy a considerar para no extenderme innecesariamente.
El emperador romano Heliogábalo gustaba de vestirse y maquillarse de mujer y en su palacio se libraba a todo tipo de lujurias, así se hacía casar con hombres de palacio y se prostituia como una mujer. Incluso llego a suplicar a sus médicos que le procurasen un sexo de mujer mediante una operación (pues decía sentirse mujer). No es extraño que muriera asesinado a manos de cualquiera, pues a pesar de estos mitos y de la cantidad de dioses dotados de características sexuales ambiguas, la cultura grecorromana, tan abierta a los contactos homosexuales, no permitía tanto como se desprende de estos relatos el cuestionamiento de los roles sociales.

Estos mitos son solo algunos de los muchos que existen o existieron, ya que la transmisión oral y el ser considerados inmorales y paganos, ha hecho que estos se perdieran para siempre o quedaran soterrados bajo el polvo, y con ello ha desaparecido toda una cultura europea pre-cristiana importante. En algunos casos, la cultura cristiana al no poder eliminarlos, dada la persistencia de estos, ha optado por absorberlos, en un proceso que los ha acabado adaptando a la moral cristiana predominante, manteniendo elementos singulares. Es un verdadero handicap hallar narraciones intactas acerca de mitos que hablen sobre la trangeneridad o cualquier otra cosa que el cristianismo haya tachado de herejía.
Este es el caso de ciertos mitos mezclados con el cristianismo. Así, conocemos la historia de Santa Wilfrida, cuya imagen se encuentra en la abadía de Westminster, esta era una princesa de Portugal, a la que querían casar con un pretendiente al que no amaba. Elevó rezos al Cielo suplicando que le fuesen quitados todos sus atractivos y sus oraciones fueron escuchadas, probablemente con el desarrollo de un tumor suprarrenal, pues su cuerpo se masculinizó. Consagró su vida a la religión y, naturalmente, murió virgen.
Otro mito es el de San Onofre, según se dice fue una mujer que pidió a Dios, que le concediera la gracia de ser un hombre, y este se lo concedió. Se celebra el 12 de junio. En la Edad Media, surge la leyenda de Juana, la papesa, la cual es la protagonista de una narración legendaria según la cual ella, disfrazada de hombre, subió al palio pontificio, después del papado de León IV (que concluyó en el 855), pero fue descubierta cuando le sobrevinieron los dolores de parto en plena procesión.
Como se observa, estos mitos mezclados con la tradición cristiana, pervivían todavía en los ambientes rurales, donde muchas fiestas campesinas, especialmente aquellas que se hacían con motivo de la llegada de la primavera (y que se remontaban a los tiempos en que Dionisio era motivo de culto, y para él se hacían fiestas licenciosas en las que abundaban la bebida, la comida y las relaciones sexuales), transgredían la moral cristiana, a pesar de la aparición de la Inquisición. No olvidemos que en muchas obras artísticas Dionisio es representado como una mujer con todos sus atributos. En estas fiestas lo más habitual era disfrazarse y divertirse (y muchas veces esto implicaba trasvestirse), y la Iglesia todavía gozaba de poca confianza entre los campesinos, los cuales seguían las celebraciones paganas.

La Iglesia necesitaba convertir al infiel, pues éste, no sólo no seguía sus mandamientos, sino que era una amenaza para su expansión y para mantener su poder. Antes de cristianizar a otros pueblos bárbaros o extranjeros, debía de convertir a los suyos. En las ciudades, el cristianismo ya se había alzado con fuerza, pero en las zonas rurales todavía tenía una ardua tarea por hacer. Es en este contexto en el que vive Juana de Arco (Dómremy, Champagna 1412- Rouen 1431). De familia campesina, vio como su país estaba invadido por las tropas inglesas y borgoñonas. Así, Juana, con el apoyo de Dios y con una escolta facilitada por Robert de Baudricourt, se presenta en Chinon, donde se encuentra Carlos VII refugiado ante el acoso de Orleans en 1429, y consigue convencerle para que este le confíe una tropa armada con la cual ganar a los ingleses y levantar el sitio de Orleans. Tras su éxito, Carlos es coronado rey de Francia. Juana, es capturada por los borgoñones, vendida a los ingleses, y sometida finalmente a la Inquisición, donde se le acusa de brujería, y sobre todo de llevar ropas de hombre, es decir, de travestirse. Declarada culpable de los cargos anteriores, fue condenada a la hoguera por hereje. Con ello, la Iglesia quería intentar terminar para siempre con el paganismo que ponía en duda su poder, y Juana representaba las tradiciones campesinas y paganas, y con ellas a lo que la Iglesia no deseaba. Por tanto, era el perfecto chivo expiatorio que necesitaba esta.
Es, pues, la tradición judeocristiana la que ha condenado el transexualismo, al menos en la cultura occidental. Con estos, mitos solo pretendo mostrar que el fenómeno de la transexualidad se veía de una manera distinta hasta el surgimiento del cristianismo, tanto en Europa, como en otras culturas, pues es un fenómeno universal. Y como tal, ha fascinado realmente a muchas sociedades, de ahí las numerosas manifestaciones rituales o festivas, que tenían como objeto realzar la transgeneridad o simplemente mostrarla como algo distinto, hasta que apareció el cristianismo.
Fueron prohibiciones del tipo: "No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace." (Deuteronomio, 22:5), las que se usaron en contra de los transexuales o travestis a lo largo de la historia, al menos por parte de los cristianos.
Los chamanes son figuras religiosas, por lo general, a tiempo parcial que median entre las personas y los seres y fuerzas sobrenaturales. Todas las culturas tienen especialistas mágico-médicos y, por tanto, también las culturas amerindias. Aunque solo sean especialistas a tiempo parcial, los chamanes se sitúan simbólicamente aparte de las personas ordinarias asumiendo un rol diferente de sexo o de género. No todos los chamanes son o eran berdaches, nombre que se aplica al que no actuaba de acuerdo con su género. Y el travestismo es una manera de ser sexualmente ambiguo. Para ser un chaman se pasaba por un proceso de selección culturalmente predefinido (estímulo parental, herencia, visiones, instrucciones mediante sueños) y preparación (aprendizaje en chamanismo, al lado de chamanes de más edad y experiencia) hasta que este se valía por si solo.
Entre los chukchee de Siberia, donde las poblaciones costeras pescaban y los grupos del interior cazaban, los chamanes varones imitaban la vestimenta, el discurso, el peinado y los estilos de vida de las mujeres. Estos chamanes tomaban como maridos y compañeros sexuales a otros hombres y eran respetados por sus conocimientos sobrenaturales y curativos. Las mujeres chamanes podían apuntarse a un cuarto género, imitando a los hombres y tomando esposas. Entre los indios crow (o cuervo) de las praderas norteamericanas, se reservaban a los berdaches ciertos cometidos rituales. Eran hombres que rechazaban el rol masculino de cazador de bisontes, saqueador y guerrero y se apuntaban a un tercer género. Los berdaches vestían, hablaban y peinaban su cabello como las mujeres y realizaban actividades tradicionalmente femeninas como cocinar y coser. El hecho de que ciertos rituales clave sólo pudieran ser realizados por berdaches indica su situación normal y regular en la vida social de los cuervo. Estos dos ejemplos ilustran el hecho de que los berdaches adoptaban patrones especiales de vestido y de conducta, y no por ello, dejaban de ser miembros esenciales de la sociedad a la que pertenecían.

Esta claro que alguien que no se sintiera transexual o poco apegado a su rol sexual voluntariamente, no adoptaría este status, renunciando a su propio género, pues le seria muy difícil cambiar sus actitudes y comportamientos sexuales y de género. Por tanto, ser berdache en la mayoría de las veces era una manera de expresar libremente unos sentimientos diferentes a los de la sociedad en la que vivía un transexual, tanto si este adoptaba el papel de hombre o mujer. Y tampoco hay que olvidar que si bien las diferencias sexuales son biológicas, el genero abarca todos los rasgos que una cultura atribuye e inculca a hombres y mujeres, y no tienen porque ser los mismos entre pueblos de culturas distintas.
Otro caso conocido es el de Barcheeampe. Fue una mujer cacique de los crow, quien fue un líder muy respetado entre los guerreros del Alto Missouri. Tuvo varias esposas y su coraje como cazadora y guerrera fue honrado en cantos. Ocupó un puesto destacado entre los guerreros y entre los jefes, de ahí que se le permitiera tener hasta tres mujeres, privilegio solo dado a los más importantes jefes. Y entre los cocopa, escribió Edward Gifford, "a las mujeres travestis se les conocían como war'hameh, se peinaban y se perforaban las narices como los hombres, se casaban con mujeres y luchaban en las batallas al lado de los hombres."


Estos roles alternativos para las mujeres y los hombres se han documentado en más de 135 naciones indígenas de Norteamérica (crow, chukchee, innut, klamath, cocopa, zuni, kamchadal, koryak...).Y también, en Sudamérica (araucanos, guajiras, tehuelches,...), en Asia (pardhis, ihoosais, la casta de los Vallabha y los Hijra en la India, xanith...) y en Africa (nandi, dinka, nuer, konso, amhara, ottoro, fanti, ovimbundu, tonga, tanala, bara, wolof, lango, iteso, gisu, sebei, meru, bantus, zulúes, sarombavy...). Y esto son solo algunos ejemplos de pueblos y culturas que incluían a los transgéneros en su vida religiosa, o cuanto menos en su estructura social. A pesar de todo en algunas regiones todavía persiste un elevado índice de transexualidad, como ciertas zonas rurales de México y Filipinas, dónde ésta es necesaria socialmente.

Los berdaches son figuras importantes dentro de sus tribus y castas. Su transgenerismo era de por vida o bien durante una época (es el caso de algunos xanith o hijras), pues ello no afectaba para nada a su vida sexual ni a la de los demás miembros de la tribu. Generalmente quién optaba por esta vía, lo era de por vida y optaba por casarse con personas de su mismo sexo genético, e incluso con dos o tres, pues estaban bien vistos. Y ellos evidentemente actuaban de acuerdo con su sexo social, y no por su sexo genético. Eran curanderos, consejeros, sacerdotes, jefes espirituales, ocupaban cargos sociales dentro de la tribu. Cada pueblo les otorgaba una o varias de las funciones anteriores, que ellos ejercían con ese tercer sentido, que ningún hombre o mujer normal podía tener.
La llegada de los colonizadores, influidos fuertemente por su cristianismo, fue su pérdida, pues la Inquisición los tachó de degenerados y los sentenció al ostracismo y a la muerte. A pesar de ello, muchos pueblos indígenas los siguieron conservando en su memoria, hasta los tiempos actuales. Un ejemplo que da muestra de ello son los Carnavales del Brasil, dónde cualquier hombre (que no dude en ser macho) no puede dejar de travestirse sin que por ello peligre su masculinidad.

Hace poco más de 10.000 años, que el matriarcado fue sustituido por el actual sistema de valores basado en el patriarcado, el cuál defendía a toda costa la subyugación de la mujer y, por tanto, el control de su sexualidad. Ello acabaría legitimando el uso de la fuerza para luchar, ya no contra ella sino contra todo aquél que fuera distinto de los demás y, por tanto, fuera un posible peligro para mantener este sistema politico-religioso. A diferencia del matriarcado, el cuál favorecía los intercambios de bienes en igualdad de condiciones, pues no había distinción de clases y, en consecuencia, se desconocía la lucha por el poder y se ejercitaba continuamente la tolerancia y el respeto con los demás, el patriarcado cambio ese sistema de valores que hasta entonces se había dado en toda Europa y Mesopotamia, induciendo a los pueblos a las guerras y al cada vez mayor control de sus ciudadanos, a los cuáles distinguió por clases. Como resultado de este laborioso y lento proceso la religión cambió y se adaptó para proteger a este nuevo sistema propiciando y facilitando la aparición de las 3 grandes religiones monoteístas, que tienen rasgos comunes. Y en Europa floreció el Cristianismo, el cual se vio notablemente favorecido gracias al progreso técnico que tuvo con respecto los demás pueblos del entorno, y de los colonizados. Pero no en todo el mundo surgió el patriarcado, aunque su agresividad ayudó a imponerse sobre muchos de los pueblos que habitaban el planeta y todavía habitan.
La actitud que tiene un sistema basado en el patriarcado es y ha sido determinante para la aceptación o no de una sexualidad abierta y por tanto de una transexualidad tolerada en las zonas donde se daba. El hecho de que la Iglesia, y luego la civilización occidental hayan impuesto cada vez más su sistema de valores ha sido determinante para el futuro de la transexualidad, me parece bastante evidente. Hecho este apunte, prosigo.
La civilización llamada occidental, basada en la tradición judeocristiana, ha dedicado los últimos cinco siglos, por lo menos, a intentar imponer su sistema de valores por el resto del planeta. Dado su enorme superioridad técnica, económica y militar, pudo (y aún puede) forzar a las minorías a elegir entre asimilar dichos postulados o desaparecer. Hoy en día, podemos identificar a esta civilización con la ideología mayoritaria en nuestro mundo, ideología que se mantiene en base a una serie de postulados necesariamente nocivos para las minorías que no los comparten. Nuestra sociedad es la más feroz, en cuánto que pretende la uniformidad de todos los pueblos, en cuánto que les inculca el valor o la codicia del poder y del dinero. Bajo los epítetos con que se justifica la necesidad de hacer desaparecer sus formas de vida se encuentra el miedo a algo que se desconoce, que no se entiende, y que tampoco se quiere conocer ni respetar. Salvajes, sucios, íncivicos, explotadores, machistas, impúdicos, libertinos o incivilizados, todos ellos son epítetos despectivos, descripciones que solo se sostienen a base de prejuicios hacia estos pueblos y hacia su cultura y su vida espiritual.

Y entre castigos y limpieza étnico-religiosa consiguieron como mínimo transfigurar sus rituales de entonces, en un proceso gradual que empezó con la introducción de elementos cristianos y que provocó un deterioro de los suyos, al mezclarse, mutarse y desaparecer en casi su totalidad, en un proceso de aculturalización que la Iglesia favorecía. (Lo mucho que queda de las religiones tribales nada tiene que ver con su auténtica religión inicial y tan sólo se pueden hallar sincretismos, resultados de todo el anterior proceso).
A pesar de esta coyuntura imperante, hubo personajes que pudieron gozar libremente de su sexualidad, al ser miembros demasiado poderosos o demasiado "locos" (los artistas, por ejemplo, son a menudo incomprendidos) para enfrentarse con ellos.

Cristina de Suecia (Estocolmo 1626- Roma 1689). Reina de Suecia entre 1632-1654. Sucedió a su padre a los 6 años, a la muerte de éste. Pero no fue hasta 1650 que dejó la regencia, y fue coronada reina de Suecia, dónde bajo su reinado se convirtió en la primera potencia báltica. Obligada a dimitir en 1654 por diversos motivos, pasó a la historia más como un hombre que como una mujer, se dice que no se sentía para nada mujer, hasta el punto que en palacio les traía de cabeza con sus comportamientos excesivamente masculinos, sus coqueteos con mujeres (a pesar de preferir sexualmente a los hombres, pues decía que le gustaban los hombres no porque eran hombres sino porque no eran mujeres) y su negativa a contraer matrimonio y a dar descendencia a la corona. Además, se hacía apodar Conde Dhona y nunca dejó de usar el atuendo masculino, teniendo incluso su propia armadura. Sólo su fuerte carácter le imprimió la capacidad de superar los obstáculos que fue salteando inteligentemente. Posteriormente se convirtió al catolicismo. Le sucedió su primo Carlos X. Desde entonces se dedica a viajar, a conspirar para volver al trono, y a proteger a artistas y literatos, a la vez que practica las artes y proyecta croadas con los turcos. En una biografía suya se puede leer: "Me marchó de Suecia porque ya no puedo seguir aparentando que soy un hombre. Voy a otro lugar donde lo pueda hacer".

Aunque lo pueda parecer, en este artículo no pretendo hacer ninguna enumeración de transexuales masculinos o de personajes supuestamente transexuales masculinos (puesto que a veces, me veo obligado a conjeturar, dado los escasos datos de que dispongo) sino tan solo dar a conocer una realidad histórica, ya que la gente sobreentiende que la transexualidad es un fenómeno actual, fruto de la libertad y la degeneración, cosa que evidentemente ni es así ni se debería juzgar de una forma tan simplificada, puesto que intervienen factores de muy variada índole.
Además, para ser transexual no es necesario hormonarse ni operarse, pues es un sentimiento de discordancia entre tu sexo psíquico y el físico, lo único que todo transexual siempre hará es modificar el rol hasta encontrar el comportamiento que más le place y adoptarlo definitivamente. El hecho de que en la actualidad los transexuales, en su mayoría desean hormonarse y operarse es más bien una exigencia social. La sociedad exige que quien se comporte como un hombre tenga un cuerpo de hombre, por tanto, si no lo tienes habrá que construirlo como sea, para evitar el rechazo y la discriminación, y lo mismo ocurre con las trans femeninas. Sólo uno mismo puede determinar si es trans o no, pero conocer ciertos datos de un personaje histórico pueden llevar a inducir que este si no era trans, como mínimo tenia un comportamiento, en términos de identificación con un determinado rol, poco corriente.

Los casos de transexuales son relativamente escasos, pero existen muestras de dicho carácter en múltiples manifestaciones sociales. Así, a pesar de las reiteradas imposiciones y prohibiciones establecidas desde el poder (en cualquiera de sus formas en que estuviera presente) muchas fiestas han pervivido al cristianismo. Estas fiestas (Carnaval, Halloween,...) son de origen pagano y han conseguido mantener diferentes manifestaciones de carácter libertino, y no me refiero únicamente a la libertad por trasvestirse, sino a cualquier otra costumbre contraria a la iglesia, pero no así al folklore popular, aunque con el tiempo han perdido importancia. En estas todavía esta permitido transgredir el rol del genero de nacimiento, sin topar con mayores dificultades. Quizá por ello estas fiestas estuvieron largamente prohibidas, hasta que fueron devueltas al pueblo que las reclamaba sin cesar.
Debido al anonimato del disfraz y a su estructura ritual (inversión), el carnaval es una arena excelente para expresar los discursos y agresiones normalmente suprimidos (discurso antihegemónico). Estos celebran la libertad a través de la inmodestia, el baile, la gula, y la sexualidad. Este se inicia como una salida lúdica para las frustraciones acumuladas durante el año. Y con el tiempo, se convierte en una poderosa crítica anual de la dominación y en una amenaza para el orden establecido. Ha sido más de una vez prohibido (recuérdese que en tiempos de Franco lo estuvo). Un caso similar es el de los mercados, lugares donde se cuestionaba la ideología dominante, durante la europa medieval. El anonimato de la multitud y del comercio situaba a las personas en pie de igualdad, y con ello, los rituales y la deferencia utilizada con los señores y con el clero no se aplicaba en estos lugares públicos.

Posteriormente esto mismo ha pasado en Europa en los bares, tabernas, bodegas, cabarets y cafés. Estos lugares fomentaban una cultura popular (en juegos, canciones, apuestas, blasfemias y desorden) que estaba en contradicción con la cultura oficial. Y la Iglesia y el estado conjuntamente han condenado estas actividades como subversivas. Durante la Alemania nazi, un par de bares de Berlín aglutinaron a todos los travestíes, gays y transexuales. Solo allí dentro podían expresarse libremente y, aún así, debían de vigilar que nadie de las SS se colara, y luego en Alemania oriental, algo parecido sucedió, sólo que ahora debían vigilar que no se colara la Stasi en ellos.
Pero muchos transexuales de nuestra cultura cristiana no han renunciado a su transexualidad, a pesar de los muchos problemas que podía acaecerles, y haciendo gala de un auténtico valor eran capaces de vivirla exteriormente hasta que eran pillados, condenados a la cárcel o al verdugo o simplemente repudiados de por vida.
No hay que olvidar que en aquella época un trans masculino no podía mas que trasvertirse con ropa de hombre y, por tanto, también se nos puede discutir que este fuera tan solo un travestí, pero intentando reconstruir su vida se puede ver si su comportamiento también estaba impregnado de una masculinidad inherente o no, y esto se puede ver en sus oficios, tendencias sexuales, y maneras de actuar. Evidentemente también podían ser personas avanzadas a su época que por rebeldía bien pudieran vestirse con ropas de su sexo opuesto, para ganarse mejor la vida y disfrutar más libremente de la vida, ya que el hombre estaba mejor considerado y no por ello deberían de dejar de sentirse mujeres (y claro está, no serian transexuales, sino personas que querían salir adelante y que para ello pasaban por hombres simplemente), pero dudo que hubiera mucha gente que sin ser transexual lo hiciera pues la pena por ser descubierto era la hoguera, la cárcel o el repudio social, según las épocas, por ello esta opción la contemplo mínimamente.

Antes de los grandes avances médico-quirúrgicos de este siglo (síntesis de hormonas, procedimientos quirúrgicos), el transexual nada podía hacer más que trasvestirse con ropas de su sexo opuesto, pero al cual se sentía más unido. Es el llamado cross-dressing. Existe cierta documentación referida a mujeres que se vestían de hombres y actuaban como tales. Es más, normalmente lo hacían tan bien que nadie sospechaba de ellos. Eran hombres que se mezclaban con los demás en la larga construcción del ferrocarril en EUA, o eran gente que cambiaba de lugar de residencia muy frecuentemente, y que tenían varias oficios, no siempre honrados. Algunos fueron descubiertos y detenidos o internados en instituciones, otros publicaron sus biografías, otros se perdieron en el anonimato. E incluso se ha documentado el caso de un "castrati" llamado Bellino, que no era tal, sino una mujer que se hacía pasar por soprano masculino, en pleno desarrollo de este arte operístico en Europa.

Algunos otros nombres son Jack Bee Garland (o Elvira Mugarrieta) hija del primer cónsul mejicano en San Francisco, quién fue miembro honorario del Club de Solteros de Stockton; Harry Gorman, cocinero de la ferroviaria y que decía conocer a otros como él, hasta que fue internado en un hospital en 1903; el reverendo Joseph Lobdell (o Lucy Ann Lobdell); Liberté Brulón (o Angélique) fue un oficial condecorado en la infantería de Napoleón; Moll Cutpurse (o Mary Frith) conoció todo el submundo de Londres; Deborah Sampson fue soldado durante la guerra de la Independencia de los EUA. Como se ve la lista es larga.

En la actualidad resaltan casos como los de: Billy Tipton, quién dedicó su vida a la música de jazz, como interprete. Murió en 1989 al no querer ser atendido por miedo a ser descubierto. Andreas Krieger, ex-atleta de la RDA. Ganó la medalla de oro de lanzamiento de peso en los campeonatos de Europa en Stuttgart en 1986, como Heidi. La prensa se hizo eco de su transformación en 1994.
En la actualidad los transexuales masculinos hemos conseguido gracias a la lucha de todos los colectivos trans implicados, al menos en la mayoría de los países desarrollados de Occidente, que se nos respete nuestros derechos, e incluso tenemos algunas leyes. A veces hemos contado con la ayuda de los grupos gais, otras de ciertas ONG, pero muchas veces hemos estados bien solos. A pesar de ello esto tan solo es el principio por nuestro reconocimiento habitual de personas normales con deberes y derechos, para evitar la discriminación. Son personajes como Daniel Van Oosterwijk, Stephen Wittle, el escritor Holly Dover, Christine Jorgensen, Dana International los más conocidos por la publicidad de sus sentencias, por su activismo o simplemente por sus acciones, pero ante todo es una lucha de todos y para todos.

Se nos ha dado mucha publicidad mediática, no siempre buena, pero la gente se está acostumbrando a vernos, aunque no de la mejor manera. Hemos sufrido vejaciones por parte de todo el mundo e incluso asesinatos (sin ir más lejos ahí está el caso de Brandon Teena). Pero también hemos sido musas y como tales hemos inspirado personajes, Orlando de Virginia Woolf, las obras de Andy Warhol, las películas de Pedro Almodóvar o de cualquier otro cineasta (últimamente la factoría de Hollywood ha producido varias). Nuestros retratos pueden ser frívolos, pero al menos ahora no nos queman. Algo hemos avanzado.

Si algún lector encuentra algún error o quiere matizar algo estaría muy agradecido que me lo hiciera saber. No dudo de que en algún momento haya sido poco claro o haya dado informaciones no suficientemente corroboradas. Todo lo escrito ha sido extraído de una extensa bibliografía, no siempre fácilmente localizable. Muchas gracias.

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