http://www.naciongay.com/editorial/reportajes/28082002175715.asp

Homosexualidad y tercera edad

Las generaciones que en los setenta reivindicaron los derechos de gays y lesbianas, los que iniciaron el movimiento reivindicativo homosexual, están llegando a una edad en la que ser gay se hace difícil: la llamada tercera edad. Se están dando cuenta de que dentro del mundo gay, la nueva identidad (comercial) les esta dejando fuera. El mercado (gay) y los medios de comunicación (gay), junto con la complicidad de la sociedad (gay) les esta dejando fuera. “Hay una clara falta de referentes en este tema, la vejez crea inseguridad entre los que lo son. Probablemente sea la presente generación que se enfrenta a este hecho la que creará la imagen de lo que es envejecer siendo gay, y llenar así la falta de referentes” explica Josep Antón Rius, miembro de la junta directiva del Casal Lambda, asociación homosexual de Barcelona.

En esta nueva identidad no sólo no caben los viejos: solo los jóvenes (y tampoco todos. “Dentro del ambiente hay discriminación por ser mayor, por pesar más quilos de los que indica la norma estética, sino vistes de una forma determinada... dentro del ambiente esta discriminado todo aquello que salga de un cliché que es la identidad que discrimina las muchas maneras que hay de vivir la homosexualidad” afirma Ferran Pereda del Col·lectiu Gai de Barcelona (Colectivo Gay de Barcelona).

Los ancianos homosexuales sufren una doble discriminación por ser gays, para los que son homófobos, y por ser viejos dentro del mismo mundo gay que los trata con desprecio o desinterés.

¿Se puede ser viejo y seguir siendo gay?

Si, pero nadie dijo que fuera fácil.
Hasta hace pocos años este era un tema ignorando. Al desierto que ofrecía (y ofrece) el ambiente gay en Barcelona para gente de más de 60 años, 4 locales (la salas de bailes, El Tatú y El Topxi; la sauna Bruch, la cruising area –ozona de ligue al aire libre- en Montjuïc y el Cine Arenas) donde estan prácticamente guetizados dentro del gueto homosexual (o fuera de él), se sumaba el nulo interés por esta cuestión que había dentro del movimiento asociativo.

Las zonas para gente que supere los 60, por no estar, no están ni cerca de la zona gay de la Ciudad Condal: El Gayxample (Gayensanche, el Ensanche es el barrio céntrico de Barcelona). El problema es que no hay puntos de encuentro intergeneracionales. A partir de los 45 la gente comienza a desaparecer de las discotecas, punto de encuentro gay por excelencia.

Pero la situación comienza a cambiar. Diversos medios de comunicación gays han comenzado a tratar el tema, con reportajes, artículos de opinión, debates y reportajes. Pero no solo esto, desde hace unos pocos años en el movimiento asociativo de Barcelona empieza a entenderse que esto es un problema y que hay que trabajar para cambiar ciertas cosas.

Hace cuatro años el Colectivo Gay de Barcelona montó un grupo llamado Fruita Madura (Fruta Madura) que duró tres años y que nunca llego a resalir, pero que indica que ya hay gente que comienza a tener conciencia.

Desde el Casal Lambda surgió el grupo con más consistencia y que aún sobrevive pese a haber vivido sucesivas crisis: El Grup de Tardor (El Grupo de Otoño.) Josep Vila, psicólogo, miembro del Lambda, y dinamizador del grupo de Otoño nos explica que antes de la creación del grupo, mucha gente mayor entraba en el Lambda y después desaparecía porque no se sentían acogidos. Después de un tiempo se llego a crear un núcleo duro de gente que permanecía en el Lambda y se promovió la creación de un grupo de afinidad como hay otros en el Lambda de jóvenes, lesbianas...

Las demandas y las expectativas del grupo eran diversas, había diversidad de necesidades. Algunos necesitaban un espacio de apoyo emocional, porque habían salido del armario en la tercera edad. Otros querían un espacio de solidaridad en las dificultades: un grupo de amigos con el que poder quedar, y con el que poder hablar de sus cosas. La principal labor del Grup de Tardor ha sido crear un referente, un grupo de amigos, de relaciones sociales y apoyo mutuo, para evitar la soledad a la que pueden abocarse muchos de los ancianos homosexuales. También buscaban afecto: tener una vida social gay con gente gay y la posibilidad de una pareja afectiva. Y otros esperaban que el grupo fuera una plataforma de reivindicación de servicios y necesidades sociales. Pero es un grupo con una difícil tarea: “Se tienen que afrontar a dos procesos identitarios, primera para identificarse como homosexuales y después para identificarse como miembro de la tercera edad”, lo que desde la perspectiva de Josep Vila dificulta el mantenimiento de estos grupos.

Los habituales problemas de incomprensión, autoaceptación y autoestima que sufre el homosexual debido al gran rechazo social que padece, se agravan por el hecho de que haber vivo una juventud muy dura. Para Vila este tipo de grupos tiene su especificidad al ser una generación con una marginación muy dura por ser gay y mucho dolor interior por ello. “Han pasado por una lucha personal (detenciones, chantajes...) que acaba minando el carácter. Por la situación que han vivido dan mucha importancia a ser aceptados, a sentirse escuchados en su propio caso y romper la sensación de invisibilidad, a sentirse parte de un grupo” opina el psicólogo del Lambda. Por todo esto el grupo tenía funciones de acogida y punto de referencia de la gente mayor homosexual.

Y desde la Coordinadora gay lesbiana de Cataluña, (CGL) hace meses se realizó un taller sobre el tema, en el que elaboró un documento, para comenzar a trabajar sobre el tema, y del que surgen propuestas que como en los EUA, pretenden crear residencias para ancianos gays. En España no hay prácticamente estudios publicados sobre el tema, solo el documento de la CGL supone un breve apunte. Sus cifras nos orientan, las expectativas de vida en el 1996 eran de 75 años para los varones, y el número orientativo de ancianos gays son 43.000 en toda Catalunya y 12.000 en Barcelona.

En otros países como Holanda, Alemania Gran Bretaña o Estados Unidos existen asociaciones gays para gente mayor (SAGE en Nueva York, formada por gente mayor o otra que se preocupa por estos temas Acción Senior). Y es precisamente en Estados Unidos donde se han realizado los primeros estudios sobre homosexualidad y tercera edad.

La familia gay

Desde el Lambda existe un proyecto que pretende dar respuesta a las necesidades de este colectivo. Pero no solo referido al tema de la gente mayor, sino a las dependencias, a los problemas de autonomía física, que se acentúan con la edad. “Hay mucha gente que se queda colgada en estas edades y los gays porque no suelen tener hijos y suelen haber roto con sus familias por el hecho de ser gays pueden sufrir de aun más soledad que los mayores en general”, explica Josep Anton Rius. Por eso desde el Lambda se pretende potenciar el concepto de familia no biológica, de familia gay, un nuevo concepto de familia que hace que el grupo de amistades gays sea, a parte de amigos, un grupo de apoyo y ayuda mutua que evite la soledad, promoviendo la solidaridad frente al individualismo.

Muchos ancianos necesitarán cuidados especiales por su salud (un factor desconocido hasta ahora es la incidencia del Vih/Sida en los ancianos gays, factor a tener en cuenta debido a que la enfermedad ya no es mortal sino crónica) así como pueden tener problemas de vivienda, pobreza (un estudio de la Generalitat de Catalunya sobre la pobreza muestra que son los mayores de 65 años son los mas afectados por ésta), soledad, marginación, depresión...

Los objetivos que se marca este proyecto consisten en concienciar al colectivo gay y a la sociedad en general sobre el tema. Por eso se quiere estudiar las necesidades del colectivo y en función de estas ofrecer los servicios que sean necesarios para ellos. “Pero en el proyecto lo que queremos es plantear que hay que hacer un estudio para descubrir las necesidades de este sector, y recoger la opinión del propio colectivo”, afirma Josep Vila. Y todas las fórmulas son barajadas: un voluntariado para ir casa por casa para hacer compañía y dar la atención que necesiten, asistentes sociales - en casos de falta de autonomía- que estén preparados para tratar con ancianos gays y su problemática específica, tantear las posibilidades de la red publica y red privada de atención al anciano, sin descartarse la creación de “residencias gays” para evitar la homofobia que pueden manifestar los miembros de una generación que han vivido en el franquismo. La integración o no en la red que da atención social a la gente mayor, se ve cuestionada por el fuerte rechazo hacia la homosexualidad de la generación que ahora mismo tiene más de 60. Incluso el único entrevistado que negaba problemas, Josep, de 70 años y miembro del Lambda desde hace 4 años, explicaba que no habría problemas mientras, no se diesen beso en publico, o mostraran pluma “porque la pluma es una cosa fea incluso para los propios gays”. Si un gay piensa esto, no queramos saber lo que pensara la inmensa mayoría de los heterosexuales educados en la homofobia. Lo que puede suceder sino se articula todo esto es que gente que ya ha salido del armario pueda tener que volver a encerrarse para recibir los servicios que reciben todos, o enfrentarse a graves problemas de exclusión o ridiculización por su opción sexual.

Pero sobretodo se pretende crear espacios de socialización. Pere, de 58 años, que ha pasado por los dos colectivos de gente mayor reivindica: “Necesitamos un local donde reunirnos y hablar de nuestros problemas. Las saunas están llenas de ancianos porque no tiene otro lugar donde relacionarse. Necesitamos que las asociaciones se impliquen en la creación de algo social, para potenciar las interrelaciones sociales”.

La invisibilidad o edatismo: la discriminación por edad

El otro gran tema es la dificultad para encontrar el contacto sexual, que se encuentra conforme se avanza en edad. Armand de Fluvià, socio fundador, presidente de honor del Lambda y promotor del Grupo de Otoño opina que desde los 45 comienza un proceso de invisibilidad dentro del ambiente que te saca del mercado sexual, y por tanto del ambiente homosexual. “No es que no te miren, es que no te ven. Si a los 45 ya no tienes pareja es muy difícil encontrarla”, aclara Armand.

Algunos recurren a la prostitución para mantener su actividad sexual (porque, pese al tópico extendido, el deseo sexual no tiene porque disminuir con la edad). Pero si Armand manifiesta haberla probado y no interesarle, para Jaume, de 65 años y socio del Lambda desde hace 10, reconoce que la satisfacción física está presente, pero critica que van lo más rápido que pueden para acabar antes y que hay una clara falta de afecto. “No descarto seguir yendo de vez en cuando no por sistema, pero a mí lo que me gusta es tener pareja”, añade Jaume.

La discriminación planteada se refiere a cuando un gay anciano intenta tener un contacto sexual, con alguien mas joven. Es una posibilidad escasa, reconocen todos los interlocutores, pero los hay que las han tenido. “Yo no he tenido dificultades para tener relaciones sexuales con jóvenes a partir de las secciones de contactos de las revistas gays, los hay que buscan gente mayor”, afirma Jaume. Cosa que también manifiesta Josep.

Josep Vila explica que el rechazo se ve incrementado si el mecanismo de relación es el deseo “pero sino lo es, si es hacer una revista, ir de excursión la discriminación no será tan evidente. Incluso hay personas mayores que pueden funcionar muy bien dentro del ambiente homosexual, dependiendo mucho del individuo”.

La escasez de locales específicos para gente mayor es vivido por algunos como un gueto dentro del gueto. Otros como Josep Anton Rius no ven mal la existencia de locales específicos, ya que facilitan que quien busque gente mayor sepa donde encontrarla. Pero especifica le parece bien siempre que se produzca una mezcla intergeneracional.

Por otro lado Jordi, de 60 años y también miembro del Lambda critica que a la gente mayor también le gustan sólo los cuerpos danone. Y explica que entre gente heterosexual es más normal que se vea una pareja ambos con más de sesenta. El problema es que “a todos nos gustan jovenes”. Jaume discrepa en este punto y explica que en el Tatú se le ha acercado gente de su edad que estaba interesado en tener una relación con él, aunque manifiesta su preferencia por jóvenes.

Armand explica que la discriminación no es sólo para el contacto. Para entablar la amistad a los jóvenes les resulta pesado tener una persona de mas de 60 años entre sus amigos, cuando en otros tiempos resultaba interesante “incluso se buscaba la amistad intergeneracional”. Para Jaume hay una palabra que lo define todo y es carroza, que según él está muy extendida.

Pese a esto, todos reconocen que con la edad las posibilidades de contacto sexual disminuyen, por lo general. “Te crece barriga, pierdes el pelo, la piel se arruga...” explica Jaume, “Es que con mi edad” argumenta Josep. Lo que esta claro es que la vejez no resulta atractiva en el mercado sexual del ambiente. Lo que se plantea desde el Lambda es precisamente la creación de unos nuevos valores que permitan que los 70 años puedan ser atractivos. La solución que plantea Armand se resume en “una educación que dé una visión de los modelos estéticos que no marginen la vejez, que vean la arruga bella, que vean la cana interesante, que haga interesante la experiencia de los ancianos” y critica a unos medios de comunicación por “su bombardeo de cánones estéticos únicos que imponen los cuerpos danone, los gimnasios y la juventud”.

Una sociedad en la que ser viejo provoca pánico, donde las clínicas de cirugía estética no paran de crecer, donde los gimnasios están repletos, las técnicas para evitar el envejecimiento son prueba del miedo a ser viejo... una sociedad que nos muestra entre las mas viejas folclóricas de nuestro país, los más lamentables y esperpénticos resultados de todo este miedo... Está claro que tener una cierta edad no es un valor positivo. Y todos tendríamos que comenzar a preocuparnos de este tema porque más tarde o temprano, todos llegaremos, todos nos haremos carrozas y sufriremos las mismas discriminaciones que se sufren ahora. O en palabras de Josep Vila: “La mayor discriminación está en la negación que se hace desde el propio colectivo que nosotros también nos haremos mayores, y que perderemos unas cosas y necesitaremos otras”.